Breve descripción de la ruta andina chileno-boliviana que me atrevo a denominar: “La aventura de las cuatro agonías”. Podría ser uno de los recorridos en bici más primitivos, inhóspitos y extraordinarios del planeta. Siendo sincero, la experiencia no es apta para cicloturistas con mucha equipación, sino para light-travelers. Si acarreas mucho peso lo pasarás francamente mal. Me atrevería a decir que no es una ruta recomendada siquiera para viajar en bici, sino un desafío en sí mismo donde el sacrificio, la entrega y la paciencia serán tu único acompañamiento junto a la altitud, las rigurosas temperaturas, el indómito viento, y el precario estado del “camino”. De ahí, “las cuatro agonías”. Seguir leyendo
Breve descripción de la ruta
andina chileno-boliviana que me atrevo a denominar: “La aventura de las cuatro agonías” (ver mapa).
Podría ser uno de los recorridos en bici más primitivos, inhóspitos y
extraordinarios del planeta. Siendo sincero, la experiencia no es apta para
cicloturistas con mucha equipación, sino para light-travelers. Si acarreas
mucho peso lo pasarás francamente mal. Me atrevería a decir que no es una ruta recomendada
siquiera para viajar en bici, sino un desafío en sí mismo donde el sacrificio,
la entrega y la paciencia serán tu único acompañamiento junto a la altitud, las
rigurosas temperaturas, el indómito viento y el precario estado del “camino”. De
ahí, “las cuatro agonías”.
Vídeo de la ruta: vídeo 1, vídeo 2
Vídeo de la ruta: vídeo 1, vídeo 2
Sin embargo, no todas son desalentadoras noticias. Los
paisajes son sublimes, de una belleza sobrecogedora; y tendrás que pellizcarte para adivinar si estás despierto o soñando. Flamencos, Llamas y Vicuñas llenarán de vida un territorio hostil e ingrato distinguido por la magia del vacío. Ocasionalmente vacilé si
el horizonte que se encontraba frente a mí era un espejismo o simulaba el
decorado de una película de Star Wars. Otras veces percibía atónito que exploraba
algún cráter del planeta Marte, o imaginaba como al mirar de soslayo, me
trasladaba al periodo Jurásico donde Diplodocus, Velociraptors o Tiranosaurios deambulaban
en busca de alimento. Es, sin lugar a dudas, uno de los parajes más bellos y
abrumadores del globo.
La ruta discurre entre el eje andino de Chile y
Bolivia por aproximadamente 1000km off-road de arena y ripio corrugado, o como
dicen en esta región, pistas de “calamina” sin señalizar. Lo denominan
así porque su forma se asemeja a los tejados ondulados de calamina que se utilizan en las casas de adobe tradicionales. No basta con unas buenas piernas para pedalear y franquear el desnivel. Es necesario un estado físico integral lo
más completo posible.
La gravedad, la arena y el ripio te absorben con un magnetismo inusitado.
Empujas, gritas al vacío, empujas de nuevo, blasfemas y vuelves a empujar. Por
lo que, además de la espalda, los hombros y los brazos, intervienen músculos
que ni siquiera creerás que existen en el cuerpo. Recuerdo limpiar mi cuentaquilómetros
de gotas de sudor y arena seca y observar con estupor que tan sólo había
recorrido 5 km en una hora. En ese momento sólo piensas: “esto no es montar en
bicicleta”… más tarde, súbitamente, un refresco de energía rescata un
escalofrío y sientes como si la vivencia hirviera a cada latido de tu corazón…
entonces, recapacitas y evocas lo que años de viajes te han enseñado: la vida
no florece en el placer, la seguridad y la certidumbre.
Las temperaturas son
desconcertantes, pasando de los 20º de la mañana bajo un sol inflexible en su
cometido, a los -15º de la noche (dependiendo de la temporada). Los contrastes de temperaturas son muy acusados
y desgastan tu piel a una velocidad asombrosa. La hidratación es un factor a priorizar.
Tus manos empiezan a agrietarse y es fácil conseguir heridas profundas en
casi todos los dedos de las manos, lo que impide que manipules el material
adecuadamente, especialmente cuando manejas el combustible de tu hornillo. Me
propuse estar sobre la bici al alba, aunque a veces se convertía en una hazaña ilusoria.
El frío de la mañana, sin la compañía de los rayos del sol desalienta cualquier iniciativa.
La mejor época para afrontar esta ruta es la temporada seca, desde Julio hasta
mediados de Octubre. También es la más fría. A partir de las 18:00 tu tienda de
campaña se convertirá en tu mejor refugio, mas la soledad será la experiencia
central del insomnio.
Dependiendo de la época, un invicto
adversario -el viento- despertará de noroeste u oeste; su perseverancia a veces se infiltraba
furtivamente en mis sueños. Por lo general, comienza a rugir a mediodía, aunque
yo lo soporté con desesperación durante tres jornadas desde las 8:30AM. Gente
humilde y curiosa, domadores del inclemente hábitat, me informó que hay años más ventosos que
otros; éste era uno de ellos. Una ingente cantidad de arena es impulsada a los
caminos, especialmente los que están flanqueados por cultivos de quínoa. Encontré
algún compañero que estaba realizando la ruta completa de sur a norte. O por
desconocimiento, o por desafío, disputarle metros al viento en estas
condiciones me parece de una osadía que excede del masoquismo.
La altitud de la ruta transcurre
mayoritariamente por encima de los 4000m (no supera los 4950m). El desnivel
acumulado superó los 10.000m positivos, aunque el ascenso es progresivo y
tendido; nada que ver con el carrusel de desniveles de la cordillera oriental
de Bolivia. A pesar de que no afecta por igual a todas las personas, es un
requisito imprescindible estar aclimatado. La altitud puede matarte y no
conviene subestimarla. Las primeras semanas fueron de cambios significativos a
nivel fisiológico, experimentando insomnio, dolor de cabeza, ansiedad, vértigos y deshidratación por la falta de oxígeno.
Otro inconveniente no menos importante
que hay que afrontar es el de la comida y el agua. Al ser áreas aisladas y
remotas es necesario llevar comida al menos para una semana y agua para un par
de días. No hay muchos puntos donde abastecerse, aunque tampoco es un
imposible. El objetivo es mantenerse autosuficiente sin tener que mendigar
víveres a oriundos y turistas. El agua es el mayor trastorno y lo que propicia
que tu bici se convierta en un armario a la hora de desplazarla. He visto como
algunos compañeros demandan comida y agua a turistas que pasan en los jeeps
para aliviar el peso de su equipaje. Yo no soy partícipe de esta fórmula, pero que
cada uno considere.
Es muy aconsejable llevar un
equipamiento de calidad, especialmente la bicicleta. El camino es tan
desgarrador que debido al peso y el precario estado del camino hay muchas
probabilidades de seccionar cubiertas o romper componentes como tija, sillín,
radios, anclajes, trasportines, perder tornillos, etc. Yo no tuve averías
considerables, pero todavía me cuesta creer que mi humilde bicicleta pudiese soportar
todo aquello. Aún me sigue mirando con recelo.
Así es a grandes rasgos “la
aventura de las cuatro agonías”. Y así es como la recordaré.
Continuará…
Emprendo la ruta en Oruro
transitando principalmente por caminos de ripio hasta el Nevado Sajama (6542m),
el volcán más alto de Bolivia. Me dirijo hacia la frontera de Chile. Desde ese
punto comenzará una de las rutas más complicadas y desafiantes del viaje. La
altitud acaricia los 3800m pero ascendiendo a los 4700m; mi cuerpo comienza a
experimentar un paulatino estado de hipoxia. Aumenta la frecuencia cardiaca y
evidencio los primeros síntomas del mal de altura. Las noches son terribles e
interminables. El insomnio y la ansiedad me reducen como a un gusano en mi saco
de dormir; inspiraciones profundas y tos severa imposibilitan un mínimo de
concentración para conciliar el sueño. El manto de estrellas del altiplano me
seduce, pero la temperatura desciende de 0º fuera de la carpa y no planteo
siquiera salir a divisar los cielos más maravillosos del universo. Los días son
más llevaderos en la mañana, aunque combatiendo la fatiga prematura del
ejercicio, la falta de apetito y el desgaste riguroso de la piel. La
deshidratación es patente en la disminución de la orina. Las primeras semanas
son las más duras. El aumento de glóbulos rojos no se aprecia hasta las dos
semanas de aclimatación. A esta altura sólo se conserva un 70% de la capacidad
física que se posee en condiciones normales.
Tierra de Quechuas y Aimaras que
miran con una mezcla de curiosidad y recelo evocando las historias que contaban
sus abuelos sobre los pérfidos colonos. La ruta es de una belleza insólita que atraviesa
una puna semiárida donde abundan llamas, alpacas y ganado bovino que observan con
estupor el devenir de un entrometido viajero ávido de historias que enriquezcan
su vida interior.
Después de una dura semana en
bici considero que Cochabamba puede ser un buen lugar para descansar. Me alojo
en la acogedora Casa de Ciclistas de Hutch. Espero poder subir un post del trabajo
de este incansable defensor del uso de la bicicleta.
En mi estancia en Cochabamba
aprovecho para contemplar uno de los mayores problemas sociales que existen a
nivel nacional. Existen cerca de 12 mil niños que quedan huérfanos de padres y
madres por diferentes razones, aunque el dato que me indica un agente social
asciende a 20 mil niños. Me extraña que exista tanta diferencia en los números.
Parece ser, por la cara de estupor de algunos de los interlocutores, que no
existen unas cifras oficiales fiables. En definitiva, miles de niños conviven
en orfanatos, albergues y hogares estatales o de instituciones privadas que les
dan acogida.
Existen muchas causas que
originan esta situación. Una de ellas es la migración por pobreza rural hacia
las ciudades. La mayoría de las veces la situación aboca a hogares monoparentales
sostenidos por mujeres y de la tercera edad que se quedan a cargo de niños
pequeños. Los padres de familia presuntamente no asumen su responsabilidad. Supuestamente,
otro factor es que en Bolivia existe una cultura del maltrato a los niños,
niñas y adolescentes. Muchos de esos abusos y maltratos vienen derivados de soportar
una vida marginal que va unida al alto consumo de alcohol. Otra problemática es
que algunos niños sufren alguna discapacidad o conviven con el virus del VIH, razón
suficiente para sufrir abandono. Ese es el caso del orfanato “PEDACITO DE CIELO”
que visité en la ciudad de Cochabamba. Durante toda una tarde pude compartir
extraordinarios momentos con 11 niños, 1 con discapacidad y 3 de ellos con el
virus del VIH. Desde los primeros segundos te das cuenta de la necesidad de
afecto que tienen estos menores. Frecuentemente, no pueden contener la carencia
de atención, que proyectan con algún arrebato de fuerza o violencia. Te
agarran, te toman la mano, te abrazan, sabiendo que estás de paso, que en unas
horas no estarás. Es inevitable que no se te encoja el corazón.
Los niños se encuentran muy bien
atendidos. Desayunan, almuerzan y cenan en un mismo comedor, además comparten
las tareas cotidianas, los juegos y momentos de esparcimiento. Viven como en
una familia que promueve que ninguno de ellos sufra ningún tipo de
discriminación debido a su situación. Fui testigo presencial del gran trabajo
que realizan los profesionales e “invisibles héroes” que desarrollan funciones
específicas con estos niños.
Una vez más el viaje me regala
otra vivencia que te pellizca el alma. Una mirada tan cercana, tan real, que
eres tú mismo el que corre como un niño confundido mendigando un gesto de
afecto y ternura. Así es, podría ser yo ¿Y por qué? … El destino podría haber
elegido ese hueco para mí. Sin embargo no lo hizo. Por esa razón, no deseo que
la indiferencia propicie una actitud de soslayo frente a ese niño cuya mirada turbada
y asustada es la misma que la mía.
Mi viaje comienza en Santa Cruz.
Previamente había contactado con dos movimientos ciclistas para que me ayudaran
a conocer los detalles de la ruta así como las peculiaridades de Bolivia:
Bicicultura y Pedaleros del Urubó. Para mí, conocer gente local y compartir confidencias
con ellos es el 80% de un viaje. Muchos viajeros se conforman con un
extraordinario paisaje, el deleite de un colorido atardecer o la visita a unas
ruinas centenarias clasificadas por la Unesco. Sin embargo, estas experiencias
quizá adornen el espíritu, pero no lo transforman como lo hace la interacción entre
dos personas. Especial agradecimiento a todos los consejos de Gina y un
especial te quiero a los días que pasé en casa de Corina y Aníbal, dos
deportistas pasionales que con inteligente esmero llenaron de emoción cada uno
de mis días en Santa Cruz. Desde este momento Bolivia tiene rostro, nombre y
apellidos.
Había planificado recorrer la
accidentada cordillera oriental de Bolivia desde Santa Cruz a Cochabamba vía
Samaipata - Comarapa. Una ruta realmente exigente que minimicé en mis
ensoñaciones, pero que me castigó inexorablemente sobre la bicicleta. Ahora sé
que mi inconsciente eligió esta ruta sin mi permiso; designó un purgatorio de
dificultad y desniveles para redimir algún mal comportamiento pasado que no
supe corregir. En cada ascenso la rueda trasera se aferraba al asfalto con
desánimo, disgustada por un peso inabarcable. Sin embargo, lo que más afligía
era la desazón y la zozobra del corazón, que negociaban con pesadumbre los
pedales. Una cadencia sin significado que resucitaba en ocasiones al distinguir
absorto la inconcebible belleza de la cordillera oriental ¡Qué hermoso es el
mundo! ¡Y que poco conscientes somos de ello!
Era mi primer contacto con las
etnias de las montañas. Se suceden las pequeñas moradas de labranza donde la
vida es cruda y las miradas gratas otrora fueron secuestradas por el sufrimiento.
Rostros castigados por las inclemencias del tiempo, cuyas arrugas penetran bajo
la piel como cicatrices endurecidas por la injusticia. Nuestras miradas se
cruzan esbozando una cálida sonrisa, intentando dilucidar que pensamos el uno
del otro, que sustancia anida nuestros juicios. La mayoría de las veces el
error somete nuestra mente, los dos llegamos a pensar que tenemos razón, que
estamos en lo cierto respecto a nuestro modelo de vida. Nos encontramos ante la
primera semilla que siembra la guerra ¿Cómo aprender a mirar? Tal vez, si
consiguiéramos desvincularnos de la creencia, conquistaremos un considerable
fragmento de la sabiduría.
Los días se suceden y el
cansancio se acumula. El cortisol comete sus excesos y el insomnio abre la puerta a pensamientos
incómodos. Noches de nostalgia que rememoran tiempos mejores, pero que no
acallan el clamor gélido de las sábanas. Suena el despertador y el cuerpo pesa
como el plomo. No conseguí un merecido descanso; sin embargo, prefiero reposar
mis fatigados huesos sobre la bicicleta: la libertad y la belleza del paisaje
harán el resto.
Libertad, que lindo y ambivalente
concepto. Rescato de mi memoria a Don Quijote de la Mancha: “La libertad,
Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos;
con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar
encubre; por libertad así como por la honra, se puede aventurar la vida y, por
el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.” Me
gustaría preguntarle a tan valeroso hidalgo si la libertad puede subsistir sin
la complicidad del corazón. Cuando he sentido la libertad más profunda e
inefable, también existía el espacio vacío de un abrazo que no conseguía
llenar.
Una vez más comienza el carrusel
sinuoso de desniveles. El viento me tiende su mano, pero en poco tiempo,
veleidoso, cambia de parecer y se suma como adversario. Planto pies en tierra y
comienzo a empujar decididamente durante kilómetros. La rodilla derecha se
resiente, evocando con pesar aquel fatídico accidente sufrido en Marruecos;
después de cinco cirugías esta trémula rodilla se resiste a abandonar. No
siento dolor al pedalear, pero sí al espolear la bicicleta y resbalar en el
ripio, puesto que el tramo más severo en desnivel no se encuentra asfaltado.
Demasiados kilos para este viaje, si bien la tristeza abarca el sobrepeso. Las
rutas futuras planificadas en el altiplano boliviano condicionan un
equipamiento de viaje para cuatro estaciones, lo que significa más carga en las
alforjas. La ruta es exigente y no da tregua. Las nubes están muy bajas en
altitud, y apenas se puede apreciar la
belleza de la cordillera. El esfuerzo se asemeja más a una competición de
resistencia y desafío personal que a expectativas más modestas. En ese mismo
momento soy consciente de la equivocación. He proyectado una ruta de envergadura sin la
forma adecuada, con un corazón pesaroso, y con exceso de peso. No es mi
intención arriesgar a estas alturas de viaje. Ya habrá tiempo para retos, si es
que acontecen.
De los 550km por los que
transcurre el recorrido Santa Cruz - Cochabamba, los 80km que comprenden los dos
últimos altos de 3000 y 3700m los realizo con la bici cargada en una furgoneta,
pero entre calurosas conversaciones con Juan Carlos y su hijo Danielo, que me
enseñan a tomarle el pulso a un país diverso y contradictorio.
A pesar de la
falta de ánimo, sería injusto no advertir el extraordinario recorrido de
montaña y su particular belleza; poblaciones cuyos mercados desbordan júbilo y
color, y donde abnegadas mujeres de trenzas azabache, pollera y elegantes
sombreros, parecen soportar con insólito coraje los pilares de la sociedad
boliviana. Días bellos, en resumen, donde descubrí un rincón más de esta vida.
Si tuviese que resumir
apresuradamente por qué viajo en bicicleta, simplemente me aventuraría a decir
que me hace sentir infinitamente más feliz. Viajar en bicicleta es elegir, el
hecho en sí afirma quién eres y adónde vas. Recorres el mundo para llegar a ti, el destino no importa;
se viaja gradualmente al interior de uno mismo; un viaje sin relojes que anhela
realidades sin maquillaje en busca de verdades sencillas. Una experiencia en
libertad exenta de rutina, pero sedienta de incertidumbre, que no desea seguir
caminos concluidos, sino dibujar una rodada insólita en el alma en busca de horizontes
inexplorados ¿No es en libertad acaso, donde encontramos la oportunidad de
definirnos y descubrir cuál es el significado de nuestra vida?
Cuando observas el mundo a la velocidad de las hadas, consientes percibir las cosas de una manera diversa, con más presencia y atención, dejando que lo intranscendente, lo cotidiano, cautive tu curiosidad. Súbitamente, se abre una ventana en tu consciencia por donde se filtra la luz de lo imperceptible. Tu impresión del mundo cambiará y un intenso arcoíris sucederá la anodina escala de grises que ensombrece tu percepción ¿Y qué son sino las pequeñas cosas, que muchas veces no advertimos, las que hacen este mundo tan extraordinario?
Viajar además con pocos recursos permite
superar nuestros límites de aislamiento e incomunicación. La bicicleta es
sinónimo de sacrificio y entrega, derriba las barreras de clase, arrebata
saludos y sonrisas llenas de complicidad, favoreciendo la integración entre las
diferentes culturas. La sencillez, unida a un presupuesto modesto, te aleja de
tu zona de confort, lo que propicia un frenesí de decisión y esfuerzo que tiene por objeto cubrir
tus necesidades básicas. Decides exponerte, eliges un contexto de riesgo, y
cuanto más riesgo existe, más se comparte. Entonces, las personas comenzarán a
entrar en tu vida como rayos de sol, y la felicidad llamará a tu puerta para
quedarse. A la felicidad siempre le gustó la compañía.
La vida sin la prisión del
cemento es mucho más rica. La compañía de los bosques, montañas, desiertos y
playas te reconcilian con la belleza natural del universo, sintiendo la
conexión ancestral entre la naturaleza y nuestro ser interior. Padecer los
elementos sobre tu cuerpo y advertir maravillado que te sientes más vivo que
nunca, es una de las experiencias más hermosas que un ser humano puede experimentar. Ser aire cuando el rugir del viento aplaca tu pedaleo; ser agua cuando
el aguacero anega los campos y ciega tu mirada; ser tierra cuando un escarpado
camino pretende amistad y el polvo seca unos labios que saben a aventura; ser frío cuando el viento gélido de la cima coagula
tus mejillas; ser sol cuando el calor consume el aire y precipita tu aliento. Debemos
aspirar a comprender los elementos hasta que su gusto sea dulce y delicado.
Entenderlos como un compañero inseparable, incondicionalmente, sin juzgarlos,
fluyendo como enseñan los ríos, que desde su nacimiento, desconocen el mar donde fundirán toda su esencia. Esta proposición está colmada de romanticismo, es
cierto, mas es alcanzar la actitud lo que importa. El ideal consiste en instruirse para
transformar los inconvenientes del camino en desafíos, siendo capaces de disfrutar del
proceso.
Sumergidos en esta comunión
natural aprendemos a sintonizarnos con nuestra sabiduría interior, enriqueciendo
nuestro espíritu y trabajando nuestros valores humanos más elevados. La
experiencia transciende a renovar nuestra actitud ante la vida, persiguiendo un
cambio de mentalidad que aboca a un pensamiento más humano; a conquistar un
conocimiento no para alcanzar una inteligencia competitiva, sino un
conocimiento abocado a ser mejor persona.
Cuando viajamos adoptando esta
filosofía, aprendemos a vivir. Aprender a vivir es aprender a no pensar en
términos de éxito y fracaso, dos conceptos egocéntricos que ensombrecen el
crecimiento personal que nace del sacrificio y la experiencia del tránsito.
Aprender a vivir es aprender a renunciar a objetos y convencionalismos
superfluos que nada tienen que ver con enriquecer nuestra vida interior.
Aprender a vivir es aprender a necesitar menos, creando y compartiendo más; es
una inversión en nosotros mismos que indirectamente revierte en la sociedad y el
futuro que vislumbramos.
Uno de los propósitos de esta
vida es satisfacerla de sensaciones y formas maravillosas, y el mundo de los
viajes en bicicleta está rodeado de ellas. El cambio comienza con tan sólo una
pedalada. Ese primer impulso cambió mi vida.
Juan Ramón Virumbrales - Raymon
Ruta Santa Cruz de la Sierra - Comarapa - Cochabamba, (Bolivia) 02/11/2015
Texto para el movimiento Cicloviajeros Bolivia para el V Foro Mundial de la bicicleta
Texto para el movimiento Cicloviajeros Bolivia para el V Foro Mundial de la bicicleta
www.otravidaesposible.org
Después de recorrer casi 5000 km en bicicleta atravesando Europa como “slow travelers”, no queríamos perder la
oportunidad de señalar nuestro paso por el glaciar más grande de los Alpes, El Aletsch, ya que ha sido uno de los destinos
más conmovedores e impactantes que hemos visitado hasta el momento. Desde este
post pretendemos acercar este ineludible y extraordinario destino a los
viajeros “low cost” que temen los presupuestos desorbitados de los Alpes suizos.
Podríamos reseñar infinidad de datos impactantes sobre el Aletsch, como sus 27.000 millones de toneladas de hielo, sus 23 km de largo; o que fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, no queremos anegar este post con antecedentes que soslayen la importancia de este lugar. El glaciar del Aletsch es extraordinario e incomparable; es un verdadero mundo de hielo, roca y tupidos bosques donde cembros y alerces confieren una belleza casi mágica a los alrededores. Sin lugar a dudas, esta región se ha ganado el reconocimiento de ser considerada una de las zonas más atractiva de Suiza.
Podríamos reseñar infinidad de datos impactantes sobre el Aletsch, como sus 27.000 millones de toneladas de hielo, sus 23 km de largo; o que fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, no queremos anegar este post con antecedentes que soslayen la importancia de este lugar. El glaciar del Aletsch es extraordinario e incomparable; es un verdadero mundo de hielo, roca y tupidos bosques donde cembros y alerces confieren una belleza casi mágica a los alrededores. Sin lugar a dudas, esta región se ha ganado el reconocimiento de ser considerada una de las zonas más atractiva de Suiza.
Para contemplar esta maravilla
natural pedaleamos hasta la estación de Betten, a los pies del macizo. Desde su aparcamiento parten teleféricos
que ascienden a Bettmeralp, una entrañable aldea de montaña a más de 1.900 m de altitud donde reina la tranquilidad al carecer de circulación de coches. El enclave tiene un encanto especial con
su pequeña y bella capilla blanca dedicada a María de las Nieves, tras la cual,
hacia el suroeste, se alzan las cimas más imponentes y majestuosas del Valais
suizo, como el Weisshorn, Dom y Monte Cervino. Desde la cara norte del
Eggishorn (2.927m), recorriendo una profusa red de senderos señalizados, se
consiguen las vistas más espectaculares y excepcionales del glaciar, como las
cumbres Jungfrau, Eiger y Mönch (alrededor de los 4.000 metros de altura).
Transitamos plácidamente por infinidad de senderos maravillosos; sin embargo, la intensidad de la vivencia estaba por llegar. La experiencia de caminar sobre las grietas de un glaciar es equivalente a contemplar el génesis de la tierra, algo que nunca olvidaremos. Abrumados por la majestuosa masa de roca y la sempiterna nieve de las aguzadas crestas, caminamos pausadamente desinhibiendo nuestros sentidos y permitiendo que el crujido del crampón en el hielo penetrase hasta los rincones más insondables de nuestro ser. Hechizantes regueros de agua traslúcida acarician segmentos de hielo que cristalizaron en el siglo XIII y XIV, dejando en nuestros labios siglos de historia petrificada. Lo recordaremos como una magnífica excursión entre inefables sensaciones.
Adentrarnos en el bosque del Aletsch, el Aletschwald, se podría considerar como una experiencia casi mística. Aletschwald es uno de los bosques de pino vírgenes más grandes de Europa. Entre sus alerces y cembros se hallan los árboles más viejos de Suiza (unos 900 años). En nuestro recorrido, envueltos en una espesa niebla y un adictivo silencio advertimos una vez más la magnificencia de la montaña en todo su esplendor, tomando conciencia de la insignificancia y fragilidad del hombre frente a los elementos naturales. La montaña ha ejercido siempre un gran atractivo para el ser humano, un misterio sin respuestas que enriquece tu vida interior y eleva nuestras conciencias a niveles superiores. Eso fue precisamente lo que nos cautivó al descubrir este mágico enclave.
Sin duda, visitar este glaciar debe
estar entre los destinos ineludibles a recorrer en Suiza. A pesar de las
apariencias, en este resort de montaña hay cabida para todo tipo de viajeros.
Toda la información en este enlace Aletsch Arena
Toda la información en este enlace Aletsch Arena
Raymon – www.OtraVidaesPosible.org
En este viaje en bici por Europa estamos reflexionando
sobre nuestra experiencia en proyectos de cooperación. Como ONG, estamos
viviendo un momento difícil que inexorablemente modificará nuestra filosofía de
trabajo. Después de 6 años trabajando en proyectos de cooperación consideramos
necesario refundar el modelo de trabajo y de gestión de las ONG’s. Sin embargo,
con nuestra opinión, no pretendemos disuadir a la gente que apoya a estos
organismos a que deje de hacerlo, sino que exige una reflexión de todos
nosotros que contribuya a la modificación del sistema desde la raíz del
problema.
Las críticas a las ONG’s mayoritariamente
se circunscriben al ámbito de lo económico. La gente no confía en que las
ayudas lleguen a los más necesitados. Asimismo, se acumulan las denuncias de
desvío de fondos y corrupción de las ONG’s más relevantes. Sin embargo, existe
una realidad mucho más importante y que pocas ONG’s se atreven a revelar. Es
una evidencia - que los datos y las estadísticas confirman - que las políticas
de cooperación no funcionan, y la ayuda al tercer mundo ha sido un tremendo
fracaso en los últimos años. El continente africano, por mencionar un ejemplo,
es un ingente cementerio de proyectos inacabados. Allí todo el mundo es consciente
que las políticas de cooperación no funcionan. La realidad, bien sabida por
muchas de las ONG’s, es que no se están atacando las causas que verdaderamente
originan la pobreza y la desigualdad en el mundo. Y a pesar de todo, se sigue
soslayando el problema.
La ayuda internacional, a través
de muchas ONG’s, se ha convertido en un medio maquillado más de occidente para
controlar y acceder a las materias primas a través de sus multinacionales y
empresas. Esta ayuda no funciona porque es hipócrita. Es contraria a las
políticas de los países ricos que imponen su injusticia comercial en favor de
sus intereses productivos, energéticos, geoestratégicos, etc. El objetivo de
las ayudas está dirigido a que los países depauperados se desarrollen, pero occidente
se encarga de cercenar todas las vías comerciales posibles para que estos países
prosperen. El trabajo de cooperación ha transformado a la gente pobre en
pasivos perceptores de caridad. En Senegal, por ejemplo, hay cientos de
proyectos de desarrollo financiados por EEUU, Canadá, Francia, España, etc. Sin
embargo, también existen actividades económicas muy lucrativas, como la
extracción de oro, mármol, hierro, coltán, pesca, etc., que reportan a los
países ricos mil veces más beneficios de los que estas potencias financian en
proyectos de cooperación. Toda la ayuda de estas potencias económicas está
condicionada. Hay que preguntarse por qué España no promueve la ayuda en los
países más pobres, sino en aquellos donde operan empresas españolas.
La mayoría de las ONG´s, a pesar
de su buena voluntad, sólo actúan como mero parche del problema. Se ha
implantado el modelo farmacéutico actual en el que un enfermo crónico es más rentable
que un enfermo sanado. No interesa vender un medicamento que acaba
definitivamente con una enfermedad. Por consiguiente, mientras no se inviertan
esfuerzos en cambiar los aspectos que realmente generan pobreza, seguiremos en
un círculo incoherente y sin sentido que se mantiene básicamente debido al
egocentrismo de las ONG´s y su lucha por aliviar su inherente sentimiento de
culpa. Es una prioridad presionar a nuestros gobiernos para que tomen medidas y
acciones políticas concretas que acaben con la desigualdad e injusticia
comercial que impone occidente (subvenciones agrícolas, aranceles, ayudas a la
exportación, etc.). Sabemos que no es fácil y algunos lo consideran una utopía.
De hecho, muchas ONG´s han sido expulsadas de países subdesarrollados por
encarar políticas internas. Sin embargo, no existe otra solución. Sin
desmantelar la estructura que promueve la pobreza y la desigualdad, seguiremos
dando palos de ciego. Viajando en Senegal me preguntaron si teníamos intención
de crear una sede de la ONG en el país. Después de 5 segundos, expresé con
cierta ironía, que la ONG la deberíamos implantar en España, donde hacía falta
un trabajo de sensibilización considerable respecto a las consecuencias que
tienen las políticas comerciales e imperialistas que apoyamos los españoles.
Es muy triste expresar esto, pero
hemos podido ver como muchas ONG´s se han convertido en un negocio o una
alternativa de vida. Erigir una ONG para muchos, es una opción similar a abrir
un quiosco o un puesto de pipas. Eso sí, donde el dinero fluye y el complejo de
culpa es menor. No importa si el proyecto no está desarrollando a las
comunidades, si se originan conflictos entre las familias, si se fomenta la
dependencia, apatía, desmotivación, etc. No importa si el propio ego y
etnocentrismo de las ONG’s está contribuyendo más al problema que a la solución
de la pobreza. Lo peor de todo es que muchas asociaciones, además de promover un
enfoque amable del capitalismo, no son conscientes que su actividad responde a
la necesidad de hacerle el trabajo sucio al Estado. Y lo que es más grave: su
paternalismo mitiga la iniciativa local y el espíritu de rebeldía de las
comunidades, actitud imprescindible para combatir la corrupción de los
gobiernos locales.
A pesar de las evidencias, pocas
asociaciones, fundaciones, etc., se atreven a reconocer esta triste realidad. Muy
pocas hacen autocrítica y cuestionan el modelo de trabajo y de gestión de sus
proyectos. La mayoría recibe subvenciones públicas y privadas para desarrollar
su actividad; y mientras alguien pague los sueldos, perdemos nuestra
independencia e integridad para ser autocríticos, y siempre habrá un informe
esperanzador que conceda continuidad y aire fresco al proyecto. Porque siendo honestos,
para muchas de estas ONG’s lo importante es el dinero. No es relevante si la
financiación proviene de iletrados socios, reprobables estados, multinacionales
o bancos sin valores cuyas acciones sustentan la estructura que genera pobreza
y desigualdad. Sin darnos cuenta, o haciendo la vista gorda interesada, estamos
al servicio y lavando la imagen de los que verdaderamente perpetúan el
problema. Eso sí, nos facilitan la financiación necesaria para llevar a cabo
los proyectos, aunque nunca supervisen que se ha hecho con su dinero. La
realidad, tampoco les importa.
El egocentrismo desmedido es otra
de las causas que contribuyen al problema. La mayoría de las ONG’s, incluidas
las no financiadas, comienzan su andadura en el mundo de la cooperación
argumentando la necesidad de ayudar a los pobres, pero la realidad es que sólo les
moviliza el afán de ayudarse a sí mismos. En el fondo somos conscientes que
nuestro modelo de bienestar se sustenta en la dominación y subyugación de
otros. Somos nosotros los que necesitamos ayuda, y para ello, “jugamos” a
ayudar sin ningún conocimiento de causa. Hemos observado muchos casos de
responsables y cooperantes de ONG que detestan y reprochan la mentalidad y
costumbres de las poblaciones con las que trabajan. Ni los respetan, ni los
entienden, por lo que difícilmente podrán hacer algo positivo por ellos. Un proyecto desastroso para una comunidad pobre puede perpetuarse
sólo porque los niveles de autoestima y fama personal de los responsables de la
ONG es el adecuado. Han conseguido dar sentido a sus vidas, razón suficiente
para continuar jugando a salvar el mundo.
Lo más preocupante que hemos
observado durante estos últimos años, no es que algunas ONG’s desvíen los
fondos destinados a los pobres, sino el terrible impacto que han generado los
proyectos que promueve occidente en las poblaciones a las que destinaron la
ayuda. A pesar de tener un desconocimiento supino del entorno, la cultura,
costumbres, códigos, etc., nos permitimos la licencia de exhortar a las
comunidades necesitadas a implantar nuestro insalubre modelo etnocentrista y
egocéntrico. Y lo hemos conseguido. Muchas de las comunidades contagiadas por
nuestra visión de desarrollo, han perdido sus raíces culturales y han adoptado
los valores más abyectos del ser humano.
Como he mencionado, la solución
se encuentra a nivel político. Y si esta lucha y esfuerzo por cambiar el
sistema es considerado una pérdida de tiempo, lo mejor que podemos hacer por lo
pobres es dejarles en paz. Si realmente queremos hacer algo por el tercer mundo,
empecemos por enfrentar las políticas económicas injustas que promueven los
países ricos en su anestesiada carrera por crecer desaforadamente. No hay que
enseñar a los pobres a tener más, sino enseñar a occidente a tener menos y repartir
mejor.
Raymon – www.otravidaesposible.org

























